
Las mejores excursiones de un día para personas mayores
Mantener una vida activa no significa hacer grandes
El ictus es una de las principales causas de dependencia en personas mayores. Puede aparecer de forma repentina y cambiar por completo la vida de quien lo sufre y de su familia. Tras un ictus, la recuperación no depende solo del tratamiento médico inicial, sino también de los cuidados posteriores, especialmente en edades avanzadas.
Los cuidados especializados para personas que han sufrido un ictus son fundamentales para favorecer la recuperación, prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida. En Cuidabi entendemos que cada ictus es diferente y que el cuidado debe adaptarse a la edad, las secuelas y el entorno de cada persona.
Después de un ictus, la persona puede presentar secuelas físicas, cognitivas o emocionales. Dificultades para moverse, hablar, tragar o realizar actividades cotidianas son habituales, especialmente en casos de ictus en personas mayores de 80 años o ictus en personas mayores de 90 años, donde la fragilidad es mayor.
El cuidado tras un ictus implica mucho más que ayudar en tareas básicas. Requiere observación constante, adaptación de rutinas y un acompañamiento que tenga en cuenta tanto la rehabilitación como el bienestar emocional. En muchos casos, la persona también experimenta miedo, frustración o cambios de carácter, lo que hace imprescindible un enfoque humano y paciente.
El cuidador de persona con ictus juega un papel clave en esta etapa, ayudando a la persona a recuperar autonomía dentro de sus posibilidades y evitando riesgos en el día a día.
El cuidador de una persona con ictus no solo ayuda en tareas físicas, sino que se convierte en una figura de referencia diaria. Su presencia aporta seguridad, estabilidad y continuidad, elementos clave en la recuperación.
Además, el cuidador observa cambios, detecta señales de alerta y comunica cualquier incidencia a la familia o a los profesionales sanitarios. Esta vigilancia es especialmente importante tras pequeños ictus en personas mayores, donde los síntomas pueden ser sutiles.
En Cuidabi priorizamos la continuidad del cuidador, evitando cambios innecesarios que puedan generar inseguridad o desorientación.
El tipo de cuidado necesario tras un ictus depende de la gravedad, las secuelas y la edad de la persona. No es lo mismo un ictus leve que uno con afectación severa, ni un ictus en una persona joven que un ictus en personas mayores de 90 años, donde el proceso de recuperación suele ser más lento.
Uno de los apoyos más habituales tras un ictus es la ayuda en actividades básicas como el aseo, el vestido, la alimentación o la movilidad. Muchas personas presentan debilidad en un lado del cuerpo o problemas de equilibrio, lo que aumenta el riesgo de caídas.
Los cuidadores de personas con ictus están formados para ayudar en estas tareas de forma segura, fomentando la participación activa de la persona y evitando la sobreprotección. El objetivo es mantener la máxima autonomía posible, incluso en edades avanzadas.
El acompañamiento es esencial, especialmente cuando la persona vive sola o presenta desorientación. Tras un ictus, pueden aparecer olvidos, despistes o dificultades para organizar el día a día.
En casos de pequeños ictus en personas mayores, también conocidos como AIT o microictus, el acompañamiento cobra especial importancia, ya que pueden pasar desapercibidos pero aumentan el riesgo de un ictus mayor si no se controlan adecuadamente.
El acompañamiento incluye supervisión, apoyo en desplazamientos, acompañamiento a citas médicas y ayuda en la organización de rutinas.
El impacto emocional de un ictus es profundo. Muchas personas se sienten vulnerables o desanimadas tras el episodio. Este aspecto es especialmente relevante en el ictus en personas mayores de 80 años, donde la pérdida de autonomía puede vivirse con mayor intensidad.
Los cuidadores de personas con ictus ofrecen un apoyo emocional constante, basado en la escucha, la paciencia y la motivación. En algunos casos, también se realizan ejercicios sencillos de estimulación cognitiva para mantener activas las capacidades mentales.
Contar con cuidadores de personas con ictus especializados aporta beneficios claros tanto para la persona como para su familia:
Mayor seguridad
Reduciendo el riesgo de caídas y complicaciones
Siguiendo rutinas y recomendaciones
Especialmente tras pequeños ictus
Fundamental en el proceso de adaptación
Física y emocional
Incluso en edades muy avanzadas
En situaciones de ictus en personas mayores de 90 años, el cuidado profesional permite adaptar el ritmo y los objetivos a la realidad de la persona, priorizando siempre el confort y la dignidad.
La necesidad de horas de cuidado varía según cada caso. Algunos factores determinantes son:
En fases iniciales, puede ser necesario un cuidado más intensivo, que luego se va ajustando. En personas muy mayores, como en el ictus en personas mayores de 80 años o ictus en personas mayores de 90 años, suele ser recomendable un apoyo continuado para garantizar seguridad.
Una valoración profesional permite ajustar el cuidado a la evolución real de la persona, sin excesos ni carencias.
Siempre que sea posible, el cuidado en el domicilio es una de las mejores opciones tras un ictus. Permanecer en casa favorece la recuperación emocional, mantiene rutinas y reduce el estrés asociado a los cambios de entorno.
El cuidado en casa es especialmente beneficioso tras pequeños ictus en personas mayores, ya que permite una vigilancia cercana sin alterar en exceso la vida diaria. En casos más graves, el cuidado domiciliario también puede adaptarse con apoyos adicionales.
El cuidado tras un ictus es un proceso que requiere tiempo, paciencia y apoyo especializado. Los cuidadores de personas con ictus no solo ayudan en la recuperación física, sino que acompañan emocionalmente a la persona y a su familia.
En Cuidabi ofrecemos cuidados especializados para personas que han sufrido un ictus, adaptados a cada edad y situación, con un enfoque humano, profesional y cercano. Porque recuperarse de un ictus no debería hacerse en soledad.
La diferencia está en el alcance de las secuelas. Los ictus leves o pequeños ictus pueden dejar síntomas transitorios, pero no deben subestimarse, ya que aumentan el riesgo de nuevos episodios.
Depende del tipo de ictus, la rapidez en la atención y la edad. En personas muy mayores, la recuperación suele centrarse más en mejorar la calidad de vida que en la recuperación total.
Cuanto antes. El apoyo profesional desde el inicio ayuda a prevenir complicaciones y facilita la adaptación tanto de la persona como de la familia.
Cambios en el habla, debilidad repentina, confusión, pérdida de equilibrio o alteraciones visuales deben consultarse de inmediato.
Informarse es una parte esencial del cuidado. Acceder a artículos especializados permite a las familias comprender mejor la enfermedad, anticipar cambios y tomar decisiones más adecuadas. En Cuidabi fomentamos la información y el acompañamiento como parte esencial de la ayuda a familiares de personas que han sufrido un ICTUS.

Mantener una vida activa no significa hacer grandes

“Necesito cuidadora urgente”. A veces esta frase aparece