Detección y acompañamiento en casos de depresión y soledad

casos de depresión y soledad

La soledad puede aparecer en cualquier etapa de la vida, pero determinadas circunstancias relacionadas con el envejecimiento pueden favorecer que una persona mayor reduzca progresivamente sus relaciones sociales: la pérdida de la pareja o de amistades, una movilidad más limitada, determinadas enfermedades o el hecho de pasar muchas horas sola en casa.

Sentirse solo de manera puntual no significa necesariamente padecer depresión. Sin embargo, cuando el aislamiento se prolonga o aparecen cambios importantes en el estado de ánimo, los hábitos y el comportamiento, es importante prestar atención.

Familiares, personas cuidadoras y profesionales de atención domiciliaria para personas mayores pueden desempeñar un papel importante observando cambios, proporcionando compañía y favoreciendo que la persona mantenga sus relaciones, rutinas y actividades.

Sin embargo, detectar posibles señales de alerta no equivale a realizar un diagnóstico. Cuando existe sospecha de depresión debe recurrirse a profesionales sanitarios.

¿Cómo detectar la depresión y la soledad en personas mayores?

No siempre es sencillo identificar que una persona mayor se siente sola o está atravesando un problema relacionado con su salud emocional.

Algunas personas expresan abiertamente que se sienten solas. Otras no lo verbalizan y los primeros indicios aparecen a través de modificaciones en sus rutinas, su carácter o su interés por actividades que anteriormente disfrutaban.

En personas mayores, además, la depresión no tiene por qué manifestarse únicamente mediante tristeza. Pueden aparecer pérdida de interés, cansancio, aislamiento, alteraciones del sueño o cambios significativos en determinadas actividades cotidianas.

Por ello, más que valorar un comportamiento aislado, conviene observar cambios mantenidos respecto a la forma habitual de ser y actuar de la persona.

Cuando la persona pasa muchas horas sola, contar con un servicio de acompañamiento para personas mayores puede facilitar no solo la realización de determinadas actividades, sino también la observación de cambios relevantes en su día a día.

Señales de alerta y cambios de comportamiento

Existen determinadas situaciones que pueden indicar que una persona mayor necesita una mayor atención o una valoración profesional.

Entre ellas pueden encontrarse:

  • Pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba.
  • Reducción progresiva de las relaciones sociales.
  • Rechazo frecuente a salir de casa o recibir visitas.
  • Cambios importantes en el sueño.
  • Alteraciones del apetito.
  • Falta de energía o cansancio persistente.
  • Dificultades para concentrarse.
  • Abandono de determinadas rutinas personales.
  • Sensación frecuente de inutilidad, desesperanza o culpa.
  • Irritabilidad o cambios de carácter.
  • Comentarios recurrentes sobre sentirse solo o no sentirse necesario.

La presencia aislada de uno de estos cambios no significa necesariamente que exista una depresión.

También pueden influir enfermedades físicas, procesos de duelo, efectos de determinados medicamentos u otras circunstancias personales.

Ante modificaciones importantes o persistentes, lo adecuado es consultar con profesionales sanitarios.

La observación cotidiana adquiere aquí una especial importancia.

Cuando una persona recibe cuidados a domicilio de forma habitual, el profesional que la acompaña llega a conocer sus rutinas y puede advertir modificaciones difíciles de detectar durante una visita familiar ocasional.

Un comentario tan sencillo como “esta semana apenas ha querido salir a pasear” o “últimamente ha dejado de interesarse por una actividad que realizaba todos los días” puede aportar información relevante a la familia.

Diferencias entre soledad, tristeza y depresión

Aunque habitualmente utilizamos estos conceptos de manera relacionada, no significan exactamente lo mismo.

La soledad es una experiencia relacionada con cómo percibimos nuestras relaciones sociales. Una persona puede vivir sola y sentirse acompañada porque mantiene vínculos satisfactorios con familiares, amistades o su comunidad.

Del mismo modo, alguien puede estar rodeado de personas y experimentar una profunda sensación de soledad.

La tristeza es una emoción normal. Puede aparecer como respuesta a una pérdida, una preocupación, un problema familiar o un cambio importante en la vida.

La depresión, en cambio, es un trastorno de salud mental que debe ser valorado por profesionales. No equivale simplemente a estar triste y puede afectar al estado de ánimo, el interés por las actividades, el sueño, el apetito, la energía y el funcionamiento cotidiano.

La relación entre estos tres conceptos tampoco es automática.

Una persona puede sentirse sola sin tener depresión, mientras que otra puede desarrollar depresión aunque cuente con familiares y personas cercanas.

Lo importante es no normalizar determinados cambios atribuyéndolos simplemente a la edad.

Promover un envejecimiento activo puede ayudar a mantener relaciones, actividades y rutinas significativas, aunque nunca sustituye la valoración sanitaria cuando aparecen síntomas compatibles con un problema de salud mental.

¿Cómo acompañar a una persona mayor que se siente sola?

Acompañar no consiste únicamente en estar físicamente junto a una persona.

El acompañamiento de calidad implica conversar, escuchar, compartir actividades y ayudar a que la persona mantenga capacidad de decisión sobre su propia vida.

Una de las primeras recomendaciones es preguntar directamente cómo se siente.

En ocasiones, las familias intentan resolver la situación proponiendo numerosas actividades antes de conocer qué necesita realmente la persona mayor.

Preguntas como:

“¿Qué es lo que más echas de menos?”

“¿Hay algo que te gustaría volver a hacer?”

“¿Te gustaría salir más o prefieres recibir visitas en casa?”

pueden ayudar a identificar las necesidades reales.

También es importante evitar infantilizar.

Ser mayor o necesitar apoyo para determinadas actividades no elimina la capacidad de expresar preferencias, tomar decisiones o mantener los propios gustos y aficiones.

El objetivo debería ser acompañar respetando la autonomía de la persona.

En algunos casos, disponer de ayuda a domicilio para personas mayores permite mantener estas rutinas cuando la familia no puede estar presente durante todo el tiempo necesario.

Fomentar la comunicación y las actividades sociales

Mantener relaciones personales significativas es una parte importante del bienestar durante el envejecimiento.

Esto no significa llenar cada hora del día de actividades.

Lo importante es encontrar opciones que tengan sentido para cada persona.

Algunas posibilidades son:

  • Mantener llamadas o videollamadas periódicas con familiares.
  • Recuperar el contacto con amistades.
  • Salir a pasear cuando la situación física lo permita.
  • Participar en actividades de asociaciones o centros de mayores.
  • Realizar pequeñas compras o gestiones acompañado.
  • Retomar aficiones.
  • Escuchar música.
  • Revisar fotografías y conversar sobre recuerdos.
  • Cocinar conjuntamente.
  • Participar en actividades culturales o comunitarias.
  • Mantener contacto con vecinos y personas del entorno.

Las nuevas tecnologías también pueden ser útiles, especialmente cuando familiares y amistades viven lejos. Sin embargo, deberían complementar el contacto humano cuando este es posible.

También conviene recordar que acompañamiento no significa dependencia.

Cuando las capacidades de la persona lo permiten, es preferible animarla a participar activamente.

En lugar de realizar todas las tareas por ella, el servicio de acompañamiento a domicilio puede facilitar que continúe haciendo aquello que todavía puede realizar de manera segura.

Cuándo buscar ayuda profesional

Existen situaciones en las que el acompañamiento familiar o social no es suficiente.

Conviene solicitar valoración sanitaria cuando los cambios emocionales o de comportamiento son intensos, persisten en el tiempo o interfieren significativamente en la vida cotidiana.

Especialmente si aparecen:

  • Pérdida prolongada de interés por prácticamente todas las actividades.
  • Tristeza o desesperanza persistentes.
  • Aislamiento creciente.
  • Alteraciones importantes del sueño o de la alimentación.
  • Abandono significativo del autocuidado.
  • Sensación recurrente de inutilidad.
  • Deterioro notable del funcionamiento habitual.
  • Comentarios relacionados con no querer vivir, morir o hacerse daño.

Ante estos síntomas, el acompañamiento domiciliario puede proporcionar apoyo, pero no sustituye la intervención de médicos, psicólogos u otros profesionales sanitarios cuando esta resulta necesaria.

Si una persona expresa pensamientos suicidas o existe riesgo inmediato de que pueda hacerse daño, se requiere atención urgente. En España está disponible la Línea 024 y, ante una emergencia vital inmediata, debe contactarse con el 112.

El valor del acompañamiento a domicilio

Cuando una persona mayor pasa muchas horas sola, incorporar apoyo domiciliario puede contribuir a mantener rutinas, favorecer la conversación y facilitar actividades dentro y fuera de casa.

La función de una persona cuidadora no debería limitarse exclusivamente al aseo, la alimentación o determinadas tareas cotidianas.

El cuidado también tiene una dimensión humana.

Compartir una conversación, acompañar durante un paseo, facilitar que una persona salga de casa o ayudarla a mantener sus costumbres puede tener un gran valor en su vida cotidiana.

Además, la continuidad permite conocer mejor a la persona.

Cuando existe un acompañamiento estable resulta más sencillo reconocer sus hábitos habituales y comunicar a la familia cambios que puedan necesitar atención.

En Cuidabi, nuestros servicios de atención domiciliaria se plantean de forma personalizada en función de las necesidades, el grado de autonomía y el entorno de cada persona.

El acompañamiento, la ayuda en las actividades de la vida diaria y otros apoyos pueden contribuir a que la persona permanezca en su domicilio manteniendo sus rutinas y su autonomía durante el mayor tiempo posible.

En situaciones de dependencia reconocida, también puede resultar conveniente conocer cómo funciona la Ley de Dependencia y la ayuda a domicilio y qué alternativas pueden existir según la situación de cada persona.

Si una persona mayor de tu familia pasa muchas horas sola o necesita apoyo para mantener su autonomía y sus rutinas, puedes solicitar una valoración personalizada con Cuidabi. Estudiaremos vuestra situación para plantear el tipo de atención domiciliaria que mejor se adapte a sus necesidades.

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