Casos inspiradores de envejecimiento activo

casos inspiradores envejecimiento activo

Cumplir años no significa necesariamente renunciar a aprender, viajar, practicar ejercicio, conocer personas o descubrir nuevas aficiones.

Cada vez existe una visión más amplia del envejecimiento en la que las personas mayores mantienen un papel activo en su familia y su entorno, tomando decisiones y participando en actividades de acuerdo con sus capacidades, intereses y circunstancias.

Eso es precisamente lo que busca promover el envejecimiento activo.

No se trata de convertir esta etapa de la vida en una competición ni de exigir que todas las personas mantengan el mismo ritmo.

Una persona con movilidad reducida también puede continuar teniendo una vida activa. Lo mismo sucede con alguien que necesita ayuda a domicilio para determinadas actividades cotidianas.

La clave está en favorecer las oportunidades para participar, decidir, relacionarse y mantener la mayor autonomía posible.

¿Qué es el envejecimiento activo?

El envejecimiento activo hace referencia a una forma de abordar esta etapa de la vida favoreciendo aspectos como la salud, la participación, la seguridad, las relaciones sociales y la autonomía.

Por tanto, cuando hablamos de mantenerse activo no nos referimos exclusivamente al ejercicio físico.

El envejecimiento activo también puede implicar:

  • Mantener relaciones familiares y sociales.
  • Participar en las decisiones de la vida cotidiana.
  • Continuar aprendiendo.
  • Desarrollar aficiones.
  • Participar en actividades culturales.
  • Realizar voluntariado.
  • Mantener responsabilidades adaptadas a las propias capacidades.
  • Salir de casa y relacionarse con el entorno.
  • Utilizar nuevas tecnologías.
  • Cuidar la salud física y emocional.

Una de las ideas más importantes es que no existe una única manera de envejecer activamente.

Para una persona puede significar caminar cada mañana y participar en actividades de su barrio. Para otra, aprender a utilizar una tableta para hablar con sus nietos.

Y para alguien con más dificultades de movilidad puede consistir en seguir tomando decisiones, mantener sus aficiones y recibir el acompañamiento necesario en casa para continuar participando en actividades dentro y fuera del domicilio.

El envejecimiento activo debe adaptarse a la persona, no al contrario.

Ejemplos de envejecimiento activo en personas mayores

Los ejemplos más inspiradores no tienen por qué estar relacionados con personas que realizan hazañas extraordinarias.

También podemos encontrarlos en pequeños cambios cotidianos.

Una persona que comienza a salir nuevamente después de haber reducido progresivamente sus actividades, alguien que recupera una afición abandonada o una persona mayor que aprende a utilizar nuevas tecnologías está ejercitando diferentes dimensiones del envejecimiento activo.

Mantenerse activo mediante el ejercicio

La actividad física es una de las formas más conocidas de favorecer un envejecimiento saludable.

Pero mantenerse activo no significa necesariamente correr, acudir a un gimnasio o practicar deportes exigentes.

Caminar, bailar, realizar ejercicios de movilidad, trabajar la fuerza de manera adaptada o participar en actividades acuáticas pueden ser alternativas dependiendo de la situación de cada persona.

Imaginemos, por ejemplo, a una persona que tras jubilarse comienza a caminar diariamente con dos vecinos.

Lo que inicialmente parece únicamente una actividad física puede terminar generando numerosos estímulos: tiene un horario, sale de casa, mantiene conversaciones, se relaciona con otras personas y empieza el día con una actividad que le motiva.

Lo importante es adaptar la actividad a las capacidades individuales.

Una persona que lleva tiempo siendo sedentaria o presenta problemas de salud, movilidad o equilibrio puede necesitar orientación profesional antes de iniciar determinadas actividades.

El objetivo no es alcanzar marcas deportivas, sino mantener el cuerpo activo dentro de las posibilidades de cada persona.

Cuando las limitaciones físicas dificultan determinadas actividades, disponer de cuidados a domicilio para personas mayores puede ayudar a mantener rutinas y evitar que necesitar asistencia implique abandonar automáticamente actividades significativas.

Participar en actividades sociales y culturales

El envejecimiento activo también ocurre alrededor de una mesa, en una asociación, en un centro cultural o simplemente durante una conversación.

Participar en actividades sociales permite mantener vínculos y crear otros nuevos.

Algunos ejemplos pueden ser:

  • Participar en asociaciones.
  • Acudir a centros de mayores.
  • Formar parte de clubes de lectura.
  • Asistir a actividades culturales.
  • Participar en excursiones.
  • Realizar voluntariado.
  • Quedar periódicamente con amistades.
  • Participar en talleres comunitarios.
  • Mantener relaciones con vecinos.
  • Realizar actividades intergeneracionales.

Pensemos en una persona que, después de perder a su pareja, comienza a reducir progresivamente sus salidas.

Una actividad semanal aparentemente sencilla, como participar en un taller de pintura, puede convertirse en un punto de encuentro con otras personas y devolver una rutina social a su semana.

Las relaciones sociales son especialmente importantes durante el envejecimiento.

Cuando observamos que una persona comienza a aislarse, pierde interés por las actividades o expresa de manera recurrente que se siente sola, conviene prestar atención. En nuestro artículo sobre depresión y soledad en personas mayores explicamos las principales señales de alerta y cómo acompañar a una persona que atraviesa esta situación.

Ayudar a una persona mayor a mantener su vida social también puede formar parte del cuidado.

Aprender nuevas habilidades y aficiones

Nunca es demasiado tarde para aprender algo nuevo.

Una nueva afición puede aportar motivación, estructura al día y oportunidades de relacionarse con otras personas.

Algunas opciones pueden ser:

  • Aprender informática.
  • Utilizar un teléfono inteligente.
  • Aprender un idioma.
  • Pintar.
  • Tocar un instrumento.
  • Practicar fotografía.
  • Cocinar nuevas recetas.
  • Hacer jardinería.
  • Escribir.
  • Participar en cursos.
  • Realizar manualidades.
  • Aprender juegos nuevos.

También puede tratarse simplemente de recuperar actividades que habían quedado abandonadas.

Una persona que disfrutaba cuidando plantas antes de tener problemas de movilidad, por ejemplo, podría mantener esa afición adaptando el espacio: utilizando macetas elevadas, trabajando sentada o contando con ayuda para las tareas físicamente más exigentes.

El principio debería ser siempre el mismo:

adaptar la actividad antes que eliminarla.

Necesitar ayuda para hacer algo no significa necesariamente tener que renunciar a ello.

En este sentido, contar con apoyo domiciliario para personas mayores puede permitir que la persona continúe participando en determinadas actividades aunque necesite asistencia para desplazarse, preparar materiales o realizar algunas tareas.

Las nuevas tecnologías ofrecen además nuevas posibilidades.

Aprender a realizar videollamadas, buscar información en Internet, escuchar música o utilizar aplicaciones de mensajería puede ayudar a mantener el contacto con familiares y amistades que viven lejos.

Viajar y disfrutar de nuevas experiencias

Viajar tampoco tiene una edad límite.

Las características del viaje simplemente pueden necesitar adaptarse.

En función de la autonomía de la persona pueden organizarse desde pequeños desplazamientos de un día hasta vacaciones más largas.

Por ejemplo:

  • Visitar otra localidad.
  • Ir a un museo.
  • Pasar un día en la naturaleza.
  • Visitar a familiares.
  • Hacer turismo cultural.
  • Participar en viajes organizados.
  • Volver a un lugar con significado personal.
  • Conocer un destino nuevo.

Para algunas personas mayores, el principal obstáculo no es la falta de interés sino cuestiones prácticas: dificultades para desplazarse, miedo a caerse, necesidad de ayuda, medicación, accesibilidad o inseguridad al viajar solas.

Planificar con antelación permite superar muchas de estas barreras.

Y no todas las experiencias tienen que implicar grandes viajes.

Visitar un pueblo cercano, acudir a una exposición o comer en un restaurante diferente también puede aportar novedad y romper determinadas rutinas.

Lo importante es conservar la posibilidad de tener proyectos y experiencias que esperar con ilusión.

Beneficios del envejecimiento activo para las personas mayores

Favorecer una vida activa puede repercutir en diferentes dimensiones del bienestar.

Entre sus principales beneficios se encuentran:

Mantener la autonomía

Continuar realizando actividades ayuda a conservar capacidades y evita sustituir innecesariamente a la persona en aquello que todavía puede hacer por sí misma.

Favorecer la movilidad

Mantener cierto nivel de actividad física adaptada puede ayudar a preservar fuerza, equilibrio y funcionalidad.

Mantener relaciones sociales

Salir de casa y participar en actividades facilita el contacto con otras personas y puede reducir situaciones de aislamiento.

Estimular la mente

Aprender, conversar, leer, realizar actividades culturales o enfrentarse a pequeños retos cotidianos mantiene diferentes capacidades en funcionamiento.

Reforzar el sentimiento de utilidad

Las personas mayores continúan teniendo conocimientos, capacidades y experiencias que aportar a su familia y a su comunidad.

Conservar rutinas

Tener actividades programadas aporta estructura a la semana y puede generar motivación.

Promover el bienestar emocional

Mantener actividades significativas y relaciones sociales puede contribuir positivamente a la calidad de vida.

Sin embargo, también hay que evitar convertir el concepto de envejecimiento activo en una obligación.

No todas las personas quieren viajar, acudir a talleres o realizar las mismas actividades.

El verdadero objetivo debe ser crear oportunidades para que cada persona pueda participar según sus capacidades, preferencias y deseos.

Cómo fomentar un envejecimiento activo en el día a día

En muchas ocasiones no hacen falta grandes cambios.

El envejecimiento activo puede fomentarse incorporando pequeñas decisiones a la rutina.

Una buena forma de empezar es preguntando directamente a la persona mayor:

“¿Qué te gustaría seguir haciendo?”

“¿Hay algo que hayas dejado de hacer y te gustaría recuperar?”

“¿Qué actividad nueva te gustaría probar?”

A partir de ahí pueden introducirse diferentes acciones.

1. Favorecer el movimiento diario

Caminar, levantarse periódicamente, realizar ejercicios adaptados o participar en tareas cotidianas puede ser preferible a permanecer gran parte del día sentado cuando el estado de salud lo permite.

2. Mantener responsabilidades

Preparar parte de una comida, cuidar una planta, organizar determinadas compras o decidir el menú semanal son pequeñas actividades que ayudan a mantener participación y autonomía.

3. Facilitar las relaciones sociales

Las familias pueden ayudar a organizar visitas, llamadas, encuentros con amistades o actividades fuera del domicilio.

4. Proponer actividades sin imponerlas

El objetivo no es llenar la agenda de la persona mayor, sino descubrir actividades que realmente le resulten agradables.

5. Adaptar el entorno

En ocasiones una persona deja de realizar determinadas actividades porque el entorno se ha convertido en una barrera.

Eliminar obstáculos, mejorar la iluminación o disponer de los productos de apoyo adecuados puede facilitar que mantenga determinadas rutinas.

6. Facilitar el aprendizaje

Cursos, talleres y herramientas digitales permiten seguir descubriendo intereses a cualquier edad.

7. Acompañar cuando sea necesario

Algunas personas quieren continuar saliendo, haciendo compras, paseando o participando en actividades, pero necesitan ayuda para hacerlo con mayor seguridad.

En estos casos, un servicio de asistencia para personas mayores puede convertirse en un facilitador de la autonomía.

Una persona cuidadora puede acompañar durante un paseo, facilitar desplazamientos, ayudar a mantener determinadas rutinas o proporcionar el apoyo necesario para que la persona continúe participando en su vida cotidiana.

Necesitar ayuda no significa necesariamente perder independencia.

De hecho, contar con el apoyo adecuado puede permitir que una persona permanezca durante más tiempo en su entorno habitual. Cuando existe una situación de dependencia, también es recomendable conocer las posibilidades relacionadas con la Ley de Dependencia y los servicios de ayuda a domicilio.

En Cuidabi, nuestros servicios de cuidado a domicilio para personas mayores se adaptan a las necesidades y al grado de autonomía de cada persona.

El acompañamiento, la ayuda en las actividades de la vida diaria y otros apoyos pueden facilitar que necesitar asistencia no suponga renunciar automáticamente a aquello que forma parte de la vida de la persona.

Porque envejecer activamente no significa hacerlo todo sin ayuda.

Significa poder seguir participando, tomando decisiones, manteniendo relaciones y disfrutando de actividades significativas, recibiendo el apoyo necesario cuando las circunstancias lo requieren.

Si una persona mayor de tu familia necesita ayuda para mantener sus rutinas, salir de casa o continuar realizando actividades de forma segura, puedes solicitar una valoración personalizada con Cuidabi.

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